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PRIMER NIVEL PASTORAL: PASTORAL COMUNITARIA.
Pastoral de Multitudes.
Pastoral de las pequeñas comunidades.
Pastoral Familiar.
SEGUNDO NIVEL PASTORAL: PASTORAL SECTORIAL
Pastoral Infantil
Pastoral Juvenil
Otros sectores.
TERCER NIVEL PASTORAL: PASTORAL SECTORIAL.
CUARTO NIVEL PASTORAL: PASTORAL MINISTERIAL.
QUINTO NIVEL PASTORAL: LAS ESTRUCTURAS.
Primer Nivel Pastoral: Pastoral Comunitaria y sus ministerios.
Pastoral de Multitudes
A la pastoral de multitudes corresponde la evangelización de la cultura de un pueblo y la evangelización de la religiosidad popular en sus manifestaciones multitudinarias, en cuanto parte de esa misma cultura. Se expresa en “experiencias significativas de fe”, vividas por y como pueblo de Dios, tanto en el nivel diocesano, como parroquial, zonal y familiar, siempre que sean una misma experiencia de fe vivida por todos los bautizados, en uno o varios niveles, a un mismo tiempo y con un mismo mensaje evangélico. Es la experiencia de Iglesia en su manifestación más expresiva de integración del conjunto de las diversidades humanas y eclesiales en la comunión con Dios y entre sí. Por lo mismo, es la experiencia más inmediata a la persona de la Iglesia y de su catolicidad.
Estas experiencias de fe vividas por todo el pueblo cristiano constituyen un itinerario permanente de evangelización en el nivel más general de sensibilización. Esta llega a todos mediante la ayuda de las estructuras de comunicación en la base (cfr. “red de mensajeros” y “carta a los cristianos”) y de participación (cfr. “Asambleas Zonales y Parroquiales”) y mediante las mismas experiencias multitudinarias de fe que, por sus gestos y sus palabras (es decir, su “mensaje”), llegan a toda la persona (sensibilidad, inteligencia, voluntad y afectividad) y la motivan a una respuesta progresiva al Evangelio. Estas experiencias de fe compartida, de Dios “convivido”, de relaciones humanas vividas en el dinamismo del amor Trinitario, como Templo del Espíritu, marcan del tal manera a los participantes que, mediante la narración de lo vivido y experimentado, la comunican espontáneamente a los otros: familias, vecinos, conocidos, etc. Así la evangelización promovida por el ministerio pastoral de la Iglesia pasa de modo informal a todos los demás por el testimonio de fe los cristianos, aún los más simples.
Las Comisiones –diocesana, parroquiales, zonales -, además de participar en el análisis y diagnostico global de la Diócesis, analizan la cultura del pueblo, su cosmovisión su religiosidad popular, las interpretan a las luz de la fe y disciernen cuales son los valores coherentes con ella para desarrollarlos y cuales los antivalores para vencerlos y superarlos . Capta el sentido religioso del pueblo, su sensibilidad y lenguaje y sirve a la expresión autóctona de la fe, a la síntesis renovada entre fe y cultura. Además, cada una en su nivel, da los elementos para la elaboración del plan especifico y, una vez aprobado el plan diocesano, programa, organiza , realiza y evalúa las iniciativas multitudinarias o procesos de acción de modo que sean evangelizadoras y faciliten la participación de y el pueblo viva momentos significativos de identidad como Pueblo de Dios.
Por ello, estas Comisiones conocen las técnicas de creatividad, de comunicación popular, de elaboración de mensajes ( signos, símbolos, gestos y “slogans”), de planificación y de programación, de acuerdo al nivel en que actúan. Todo ello es mas fácil y tiene una particular eficacia apostólica tanto por nacer del amor contemplativo de los signos de la presencia de Dios en su pueblo, de la sabiduría popular y sus tradiciones, como por la creatividad que facilita al pueblo la “celebración” de su vida en la fe.
En el nivel diocesano existe una Comisión única de “Pastoral de multitudes” con tantos miembros como sean necesarios para animar, capacitar, subsidiar, coordinar y acompañar a las Comisiones parroquiales en el nivel diocesano y, si es necesario, de Vicarías Foráneas o Decanatos o Arciprestazgos, de acuerdo con el plan diocesano especifico. Las Comisiones parroquiales están formadas por un Comité central o parroquial y los Equipos zonales. A estas corresponde la conducción de las experiencias multitudinarias, en coherencia con la programación parroquial.
A estas Comisiones que se reúnen periódicamente, al menos mensualmente, de añade, si es el caso, el “Consejo Plenario” de Pastoral de multitudes que se reúnen al menos anualmente, en le que participan todos los grupos, movimientos, asociaciones e instituciones apostólicas presentes en la diócesis y en las parroquias y que trabajan en este campo. En el se estudian los modos de coordinar las aplicaciones del plan diocesano, se evalúa la acción realizada y así se asegura el aporte de los interesados en la propuesta y realización del plan diocesano.
Los miembros de la Comisión diocesana son elegidos y nombrados por el Obispo y los de las parroquias por el Párroco. Los laicos comprometidos en estos servicios son “reconocidos” en su ministerio por el Obispo, directamente o por delegación, en una celebración litúrgica especial.
Pastoral de Pequeñas Comunidades o CEB.
La pastoral de las pequeñas comunidades o de las Comunidades Eclesiales de Base promueve su nacimiento, su itinerario de crecimiento en la fe, su reconocimiento como CEB, las acompaña en sus momentos particulares como de crisis, les ayuda a vivir las diversas dimensiones eclesiales de catequesis, liturgia y caridad, de modo que todas ellas sean una expresión de la Iglesia local y, por lo mismo, evangelizadoras y promotoras del medio ambiente en que están presentes.
Como ámbito de catequesis permanente de los adultos, esta pastoral ofrece los temas y guías para los encuentros catequéticos correspondientes y complementarios a los de la pastoral de multitudes, los temas y guías para la catequesis pre-sacramental de las familias, de los niños, de los adolescentes, jóvenes y miembros que la componen. Además, sugiere las formas de celebración litúrgica y de oración que se celebran en las CEB así como las posibles formas de evangelización y de promoción humana realizable en el medio ambiente en que se encuentran y que están a la medida de sus posibilidades.
La Comisión diocesana, las Comisiones parroquiales y los Equipos zonales, además de participar en el análisis y diagnóstico de la diócesis, analizan la cultura del pueblo, su cosmovisión y su religiosidad popular, las interpretan a la luz de la fe y disciernen cuáles son los valores coherentes con ella para desarrollarlos y cuáles los antivalores para vencerlos y superarlos, siempre en orden a reconocer la capacidad de la gente para integrarse y vivir en las CEB y para que vivan la experiencia de Iglesia a este nivel de modo autóctono, coherente con el misterio de la Iglesia y con los valores de la cultura y sus expresiones.
Para ello, estudian los problemas de la inculturación y las perspectivas pastorales de la misma al servicio de la expresión inculturada de la Iglesia en este nivel; conocen el proceso psicológico de crecimiento de los grupos apostólicos y las leyes y técnicas de la dinámica de grupo; conocen y definen estrategias y pedagogías para convocar, animar y acompañar a las pequeñas comunidades; conocen y usan métodos y dinámicas de comunicación y diálogo, de oración compartida y reconciliación, de discernimiento y toma de decisiones en común, de planificación y programación al servicio de su crecimiento en la fe y de su compromiso por la promoción del medio ambiente.
En el nivel diocesano existe una Comisión única de “Pastoral de Pequeñas Comunidades o CEB” con tantos miembros como sean necesarios para animar, capacitar, subsidiar, coordinar y acompañar a las Comisiones parroquiales en el nivel diocesano y de Vicarías Foráneas o Decanatos o Arciprestazgos, de acuerdo con el plan diocesano específico. Las Comisiones parroquiales están formadas por un comité central o parroquial y los Equipos zonales, a los que corresponde la animación, capacitación y coordinación de los ministros de las CEB: animadores, moderadores, secretarios, responsables de la catequesis pre-sacremental, de las celebraciones litúrgicas y de la oración, de la caridad y promoción humana, de la administración y otros eventuales.
La Comisión diocesana organiza algunos encuentros anuales de capacitación de las Comisiones parroquiales, en el nivel diocesano y de Vicaría Foránea (Decanato o Arciprestazgo) y las Comisiones parroquiales, con ayuda subsidiaria de la Comisión diocesana, organizan tanto los encuentros mensuales de animación-capacitación para los animadores, moderadores y secretarios de las diversas CEB y para la preparación de los encuentros catequéticos así como otros encuentros periódicos para la animación-capacitación de otros ministros.
A estas Comisiones que se reúnen periódicamente, al menos mensualmente, se añade, si es el caso, el “Consejo Plenario” de la Pastoral de Pequeñas Comunidades o CEB que se reúne al menos anualmente, en el que participan todos los grupos, movimientos, asociaciones e instituciones apostólicas presentes en la diócesis y en las parroquias y que trabajan en este campo. En él se estudian los modos de coordinar la aplicación del plan diocesano, se evalúa la acción realizada y así se asegura el aporte de todos los interesados en la propuesta y realización del plan diocesano.
Pastoral Familiar
La pastoral familiar promueve el Movimiento Familiar Diocesano (MFD). Integra periódicamente y sistemáticamente a todas las familias cristianas de la diócesis en un dinamismo (movimiento) de maduración de su conciencia cristiana, de su vocación a la santidad comunitaria que ella está llamada a vivir y, en alguna medida vive, como “modelo” de la Iglesia-comunión y como expresión de la misma; Familiar porque se centra en la realidad familiar, en su desarrollo y en sus implicaciones; y Diocesano porque se suscita en el nivel diocesano y de acuerdo con la imagen de Iglesia local que la diócesis promueve. En definitiva son las familias de la diócesis las que hacen de su itinerario humano un proceso catecumenal, complementario y coordinado con el de la Diócesis.
La pastoral familiar promueve actividades de sensibilización en forma sistemática y periódica: semanas y jornadas sobre la familia, encuentros de oración y celebración de la Eucaristía para la familia, renovación de los compromisos matrimoniales, celebración de los aniversarios del matrimonio, etc. Además, promueve la espiritualidad familiar o la toma de conciencia del camino de santidad al que toda familia está llamada de acuerdo a los “momentos de vida” comunes a todas las familias; responde a las exigencias educativas que la paternidad-maternidad conlleva; y ayuda a las familias en sus situaciones de particular dificultad, principalmente si son familias incompletas.
Así, las familias de la diócesis que están en un mismo “momento de vida” se encuentran en retiros espirituales para comunicar las propias experiencias, leerlas en la fe y asumir los compromisos consecuentes tanto en la comunidad humana como en la parroquia y diócesis. “Momentos de vida” comunes a todas las parejas y familias y que se definen en cada diócesis, teniendo en cuenta la evolución psicológica de las parejas y de las personas así como de las costumbres y tradiciones del pueblo. A ello se añade una “escuela de padres” en la que se ofrecen los elementos psicológicos, morales y pastorales para que los padres puedan cumplir su papel, en y para la familia.
Del mismo modo se encuentran periódicamente las personas que viven en familias incompletas o en situaciones especiales: viudos/viudas, divorciados, madres solteras, etc. para reflexionar en la fe su situación particular. Existe, además, un consultorio familiar, en el nivel diocesano y de parroquias grandes, para la atención, asistencia y consejo de aquellas familias que tienen problemas sicológicos y morales.
El Movimiento, por tanto, sirve así a la realización integral de la familia como Iglesia Doméstica y como célula de la sociedad para que las familias, a su vez, sean germen y principio, impulso y sacramento –signo e instrumento- de la civilización del amor.
La Comisión de pastoral familiar, en sus diversos niveles, acompaña a las familias cristianas en su proceso de crecimiento y en su itinerario espiritual, promueve, organiza, lleva a cabo y evalúa los diversos encuentros de sesibilización y de promoción de la espiritualidad familiar. Define la estrategia para involucrar a todas las familias tanto en el proceso de sensibilización como de toma de conciencia de la espiritualidad familiar. Propone el plan del MFD y, una vez aprobado por el Obispo, lo realiza y evalúa.
Para ello, analiza sistemáticamente la situación de la familia de la diócesis en el contexto de la situación socio-política, socio-económica y socio-cultural del país y del mundo y, a la luz de la, reelabora el ideal de la misma, el diagnóstico y la propuesta pastoral correspondiente. Además, estudia y difunde los elementos de psicología referida a la pareja y a la familia ya la edad evolutiva de las personas; estudia y difunde los elementos de medicina, especialmente los relacionados con la sexualidad y aquellos que ayudan a la realización de las parejas; del mismo modo estudia y difunde los principales documentos del matrimonio. En particular, estudia las crisis de los matrimonios, las situaciones particulares de las familias incompletas y elabora las orientaciones pastorales que ofrece a las parejas en dificultad.
Existe una Comisión diocesana de pastoral familiar, otros/otras en el nivel de Vicaría foránea si las parroquias son pequeñas o sólo en el nivel de parroquias si estas son grandes. En todas las parroquias grandes, la Comisión incluye al menos un responsable de la pastoral familiar de cada zona o centro pastoral. En el nivel diocesano, la Comisión, además de un Equipo Coordinador consta de los diversos Equipos relacionados con las actividades de sensibilización, con los diversos “momentos de vida” (novios, matrimonios jóvenes, adultos, maduros y ancianos), con la escuela de padres, con los servicios a las familias incompletas o en dificultad. En el nivel de las Vicarías Foráneas y/o de parroquias existen los mismos Equipos que en el nivel diocesano.
A la Comisión diocesana añade, si es el caso, el “Consejo Plenario” de Pastoral Familiar que se reúne al menos anualmente, en el que participan todos los grupos, movimientos, asociaciones e instituciones apostólicas presentes en la diócesis y en las parroquias y que trabajan en este campo. En él se estudian los modos de coordinar la aplicación del plan diocesano, se evalúa la acción realizada y así se asegura el aporte de todos los interesados en la propuesta y realización del plan diocesano.
La Comisión diocesana por su parte, organiza algunos encuentros anuales, tanto en el nivel diocesano como de Vicaría Foránea, de estudio y de capacitación para los responsables de las Comisiones parroquiales y, por otra, los Equipos de Coordinación Parroquiales, con ayuda subsidiaria de la Comisión diocesana, organizan encuentros periódicos de estudio y de capacitación de los diversos Equipos que animan y sirven a los diferentes grupos de parejas y familias.
Los componentes de la Comisión en sus diversos niveles son parejas que por su experiencia de diálogo y de discernimiento vividos en familia con sentido de fe están en las mejores condiciones para acompañar a otras parejas. La solicitud por la realización cristiana de cada familia, la capacidad de comprensión y de misericordia, y el amor apasionado por la unidad familiar y eclesial son las características del testimonio que estos Equipos dan a las parejas con las que se encuentran.
Los miembros de la Comisión diocesana son elegidos y nombrados por el Obispo y los de las parroquias por el Párroco. Los laicos comprometidos en estos servicios son “reconocidos” en su ministerio por el Obispo, directamente o por delegación, en una celebración litúrgica especial.
Pero nada de todo esto puede sustituir el ministerio de los mismos cónyuges. Ministros el uno para el otro y juntos para sus hijos, a ellos corresponde revelar el rostro de Dios que es Amor, hacerlo circular en las relaciones mutuas al interior de la familia pequeña y amplia, edificar la familia e injertarla en al comunidad eclesial, parroquial y diocesana, y en la sociedad.
Segundo Nivel Pastoral: Pastoral Sectorial y sus ministerios.
Bajo este título se entienden aquellos ministerios orientados a la promoción de los bautizados que cumplen un papel en la sociedad, los que, agrupados en determinadas categorías, están llamados a interpretar en la fe su “mundo” específico en orden a definir y asumir el propio compromiso cristiano de transformación del mundo con el espíritu de las bienaventuranzas.
En concreto se trata de las pastoral que se realiza a favor de:
- Los niños y jóvenes;
- Los obreros, empleados, profesionales, campesinos, políticos, empresarios, economistas, bancarios, artistas, artesanos, formadores de la opinión pública, etc...
- Los educadores, maestros y profesores, de instituciones educativas no católicas;
- La pastoral del turismo para los que lo promueven y para los que lo realizan;
- La formación de la conciencia política del pueblo (a no ser que este servicio se conciba como parte de la promoción humana);
De estos sectores, por ahora, se tendrá, en cuenta solamente aquellos de los que se tiene alguna experiencia: los niños y los jóvenes y de los otros se hablará en general.
Los ministerios necesarios para estos sectores son asumidos por presbíteros, religiosos, religiosas y por laicos, consagrados o no.
Pastoral Infantil
Promueve el “Movimiento Infantil Diocesano” (MID). Movimiento o dinamismo pastoral, no asociación, que integra a todos los niños de la diócesis desde los 6 hasta los 11 años de edad, aproximadamente, y cuya razón de ser es la de que todos los niños como grupo social sean “alguien”, tengan “palabra” en la comunidad y al servicio de la misma, y asuman su papel en la Iglesia y en la Sociedad.
El movimiento de niños para la comunidad, se expresa en un conjunto de actividades de tipo cultural, social y religioso que se organizan de modo que los niños, a través de ellas, trasmitan sus mensajes a la comunidad y, al mismo tiempo, se eduquen al servicio de las demás, de acuerdo con los valores del Evangelio. Los niños, a su vez, se organizan en “grupos de servicio” de acuerdo con las actividades que eligen. Grupos que se rehacen aproximadamente cada trimestre para darles la oportunidad de aprender nuevas actividades y elaborar nuevos mensajes, cosa que les resulta formativo para ellos mismos. Todo ello en coherencia con el plan diocesano y como parte del mismo.
El movimiento organiza tiempos y momentos de recreación, de diálogo, de oración, de aprendizaje de cosas útiles, etc. dedicados a los mismos niños y como tiempos y momentos de encuentro, de socialización, de formación humana y cristiana. Además, mantiene relaciones periódicas con los padres de los niños para la mutua información y apoyo a los fines educativos del mismo movimiento.
El MID cuenta con una Comisión en el nivel diocesano, Comisiones Parroquiales y Promotores en las diversas zonas o centros pastorales, compuestos por personas adultas y jóvenes. Estos analizan la situación de los niños como grupo social en el contexto de la familia, de la Iglesia y de la sociedad actual y, a la luz de la Palabra de Dios actualizada por el Magisterio, reproponen el ideal del MID, renuevan periódicamente el diagnóstico y determinan la estrategia para movilizar y mantener en “movimiento” a todos los niños de la diócesis. Por ello, proponen al Consejo Diocesano de Pastoral el plan específico que, una vez aprobado por el Obispo, realizan y evalúan.
Para ello, la Comisión del MID, en el nivel de diócesis y de parroquias, posee los conocimientos fundamentales de psicología infantil necesarios para un servicio adecuado a los niños y funcional a su educación e inserción en la Iglesia y en la Sociedad; conocen y saben usar métodos y técnicas psicológicas, pedagógicas, didácticas y de creatividad aplicables a los niños; y conocen y saben usar el método de planificación.
La Comisión Diocesana del MID en el nivel diocesano, cuenta con tantos miembros cuantos sean necesarios para promover y acompañar a las Comisiones parroquiales mediante encuentros periódicos de formación específica, de capacitación y de evaluación en el nivel diocesano y de Vicarías Foráneas (Decanatos o Arciprestazgos). Las Comisiones en el nivel parroquial se encuentran periódicamente para analizar los problemas puntuales, para informarse sobre nuevas técnicas e inventar otras, para organizar y evaluar las actividades, para renovar y evaluar su propio compromiso cristiano.
A la Comisión Diocesana del MID se añade, si es el caso, el “Consejo Plenario” de Pastoral Infantil que se reúne al menos anualmente, en el que participan todos los grupos, movimientos, asociaciones e instituciones apostólicas presentes en la diócesis y en las parroquias y que trabajan en este campo. En él se estudian los modos de coordinar la aplicación del plan diocesano, se evalúa la acción realizada así se asegura el aporte de todos los interesados en la propuesta y realización del plan diocesano. Análogamente y con el mismo fin existe el “Consejo Plenario Parroquial” del MID.
Los miembros de la Comisión Diocesana del MID son elegidos y nombrados por el Obispo y las de las parroquias por el Párroco. Los laicos comprometidos en estos servicios son “reconocidos” en su ministerio por el Obispo, directamente o por delegación, en una celebración litúrgica especial.
Pastoral Juvenil
Promueve el “Movimiento Juvenil Diocesano”. Es un “movimiento” o dinamismo (no asociación ni organización) que integra a todos los jóvenes de la diócesis, bautizados y de buena voluntad, como grupo social, al servicio de la comunidad eclesial y humana. Movimiento de jóvenes para la comunidad, integra a todos los jóvenes desde los 12 hasta los 25 –30 años de edad; los agrupa, por una parte, en torno a los diversos servicios que presta y, por otra, por edades de acuerdo a las exigencias de su misma formación. Además, como “Movimiento”, es espacio de encuentro entre los mismos jóvenes para reflexionar sobre sus propios problemas, socializarse y apoyarse mutuamente en las dificultades comunes, definir, organizar y evaluar sus servicios a la comunidad, en un palabra, vivir su propio itinerario de fe y expresar su compromiso cristiano a favor de la renovación de la Iglesia y de la sociedad.
Para ello el MJD promueve un conjunto de actividades o iniciativas a favor de la edificación de la comunidad, de acuerdo con el plan diocesano de pastoral y al servicio de su actuación. Actividades que pueden ser de tipo:
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Religioso (evangelización y catequesis, liturgia y oración, caridad y promoción humana);
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Cultural (investigación e información, diversas expresiones artísticas, literarias, gráficas...) y
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Social (en relación con necesidades primarias, alfabetización, educación cívica, diversas formas de voluntariado...)
Estas actividades se preparan, organizan y realizan de modo tal que además de estar al servicio de la comunidad sirven también a la propia formación de los jóvenes que las realizan. Así, los jóvenes se encuentran en la situación de estar siempre creando, reflexionando y organizando servicios que trasmiten un “mensaje” evangélico en los que expresan su modo de ver, de sentir y de comprometerse por la edificación de la comunidad. Además y al mismo tiempo, por ser servicios-mensaje constituyen para los mismos jóvenes una oportunidad permanente de formación en la acción.
Estas actividades se organizan en el nivel diocesano, arciprestal (o de Decanatos o Vicariato Foráneo) y parroquial, según sea el caso. Pero al menos cada dos años, se organiza algún “evento significativo” en el nivel diocesano, articulando encuentros y actividades primero en el nivel parroquial, luego arciprestal y en fin en el nivel diocesano. Las actividades que se realizan en el nivel parroquial se relacionan con las principales manifestaciones de la pastoral de multitudes y de modo que los diversos servicios se reorganizan aproximadamente cada tres meses y con ellos se reorganizan los diversos grupos que los realizan. De este modo, lo jóvenes pueden empeñarse y comprometerse en diferentes servicios, elegir nuevas agrupaciones y estar siempre en condiciones de optar renovadamente por el compromiso cristiano que esos servicios conllevan. Para la preparación, organización y realización de las diversas iniciativas, cada grupo de servicio tiene encuentros semanales que organizan según necesidad y de acuerdo a sus posibilidades.
Del mismo modo el MJD organiza encuentros mensuales a modo de “Asamblea Juvenil” en las que convoca, en forma nominal y personalizada, a toda la juventud bautizada para que ellas los jóvenes, agrupados o no por edades, debatan sus problemas o los temas que les interesan y, agrupados o no por servicios, definan las iniciativas que se han de realizar a favor de la comunidad, se agrupen de acuerdo a las mismas, evalúen la acción realizada y organicen la acción por realizar.
Además el MJD tiene un plan de formación que agrupando a los jóvenes por edades (aproximadamente de 12-14, de 15-17, de 18-20, de 21 a más) los reúne en jornadas, fines de semana y alguna semana en el año para, de acuerdo con su edad, profundizar la propia fe, confrontarse con el horizonte que es Cristo en el contexto del mundo actual y definir progresivamente su vocación cristiana y su opción fundamental en la Iglesia y en la Sociedad. Así, el MJD acompaña a los jóvenes en la necesidad de definir su identidad personal y su vocación humana y eclesial y, por lo mismo, es un movimiento vocacional.
El MJD tiene una Comisión Diocesana, Comisiones de Vicaría Foránea (o Decanato o Arciprestazgo) y Comisiones parroquiales y Equipos zonales. La Comisión en el nivel diocesano y las de Vicaría Foránea están constituidas por jóvenes de ambos sexos y por algunos adultos que los asesoran y que se responsabilizan de la formación. Las Comisiones parroquiales está constituidas por un Equipo Coordinador Parroquial, por los Responsables de la pastoral juvenil en las zonas o centros pastorales, por los responsables de los diversos servicios a la comunidad, por los responsables de los grupos de edad, más algunos adultos que los asesoran y se responsabilizan de la formación.
La Comisión en el nivel diocesano y con la participación de las Comisiones de los otros niveles, analiza periódicamente la situación de los jóvenes de la diócesis en el contexto de la Iglesia y de la sociedad, a la luz de la fe y de otros estudios, revisa y repropone el ideal del MJD, interpreta esa situación a la luz del ideal y hace el diagnóstico de la juventud como grupo social, define la estrategia general para poner en marcha o renovar y ampliar el MJD y elabora el plan específico que propone al Consejo Diocesano de Pastoral. Una vez aprobado por el Obispo, el plan lo ejecuta y avalúa cada Comisión de acuerdo con el nivel en que actúa.
Para ello, la Comisión en sus diversos niveles conoce y usa el sistema prospectivo de planificación pastoral, técnicas de creatividad y dinámicas de grupo, elementos de psicología y pedagogía relacionados con la edad juvenil, los documentos de la Iglesia sobre los jóvenes y experiencias diversas de trabajo apostólico con ellos. Además, conoce los elementos psicológicos, pedagógicos y teológicos relativos a las diversas vocaciones eclesiales, conoce y usa métodos y técnicas para el discernimiento vocacional, conoce elementos de dirección espiritual para acompañar a los jóvenes en su camino espiritual y conoce y usa diversos sistemas de animación espiritual, de oración, de reconciliación, de diálogo en el espíritu, etc.
La Comisión del Movimiento Juvenil cuenta en el nivel diocesano, con tantos miembros como sean necesarios para promover y acompañar a las Comisiones de Vicarías Foráneas y parroquiales mediante encuentros periódicos de formación específica, de capacitación y de evaluación realizados tanto en el nivel diocesano como de Vicarías Foráneas (Decanatos o Arciprestazgos). Análogamente, las Comisiones parroquiales en relación con los Equipos de Coordinación zonales. Los responsables de los diversos servicios y de las agrupaciones por edad son elegidos por los respectivos grupos por el tiempo en que permanecen en dicha agrupación.
Las Comisiones en el nivel parroquial y de Vicarías Foráneas se encuentran periódicamente, cada uno a su nivel, para analizar los problemas puntuales, para informarse sobre nuevas técnicas e inventar otras, para organizar e evaluar las actividades, para renovar e evaluar su propio compromiso cristiano.
A la Comisión diocesana del MJD se añade, si es el caso, el “Consejo Plenario” de Pastoral Juvenil que se reúne al menos anualmente, en el que participan todos los grupos, movimientos, asociaciones e instituciones apostólicas presentes en la diócesis y en las parroquias y que trabajan en este campo. En él se estudian los modos de coordinar la aplicación del plan diocesano, se evalúa la acción realizada y así se asegura el aporte de todos los interesados en la propuesta y realización del plan diocesano. Análogamente y con el mismo fin existe el “Consejo plenario” del MJD en el nivel parroquial.
Los miembros de la Comisión Diocesana para la Pastoral Juvenil son elegidos y nombrados por el Obispo. En las Vicarías Foráneas son propuestos por los jóvenes y nombrados por el párroco. Los laicos comprometidos en estos servicios son “reconocidos” en su ministerio por el Obispo, directamente o por delegación, en una celebración litúrgica especial.
Otros Sectores
Supuesta la definición de los sectores existentes o campos específicos de acción pastoral en cada diócesis, la pastoral sectorial en cada uno de ellos consiste en crear espacios que sirvan a la toma de conciencia de las exigencias del Evangelio y del testimonio de fe que todos los bautizados están llamados a dar en su propio campo de acción específico en orden a la transformación de la sociedad. En cada uno de estos sectores se trata de promover un movimiento o dinamismo (no asociación ni organización) que integra a todos los bautizados presentes en dichos sectores; de promover la participación de todos los miembros de la propia categoría y de todos aquellos que se interesan por los mismos asuntos en las actividades y servicios que se promueven como compromiso de fe en el propio campo específico; de concienciar a la comunidad cristiana y humana frente a determinados problemas de actualidad, desde la propia óptica; de promover la solidaridad en momentos de necesidad.
Para cada una de estas categorías se promueven, de acuerdo con la enseñanza social de la Iglesia, actividades de investigación y de análisis, de elaboración de propuestas alternativas y de compromiso social, de espiritualidad y celebración litúrgica, de formación de la conciencia colectiva y de transformación del propio campo de acción. Estas actividades implican encuentros, más o menos mensuales, de reflexión, de espiritualidad y de confraternización. Al menos cada dos años se promueve un “encuentro significativo” abierto a todos los interesados sobre algún tema de actualidad. Todas las actividades e iniciativas se realizan normalmente en el nivel diocesano y, al mismo tiempo que sirven a los de la propia categoría para adquirir y asumir una visión cristiana frente a cuestiones específicas, llaman la atención de la comunidad diocesana sobre cuestiones normalmente dejadas de lado a sobre problemas de actualidad.
En cada uno de los sectores definidos hay una Comisión diocesana de pastoral específica compuesta por personas de la misma categoría y por expertos en ella, en número suficiente para promover las diversas actividades y organizar los encuentros más significativos. El movimiento se expresa en una serie de “grupos” o “centros”, relacionados con la categoría que corresponda, presentes en diversos lugares de la diócesis de modo que facilite la proximidad al mayor número de personas de la propia categoría y la integración de las mismas en el “movimiento” que se promueve.
A estas Comisiones y grupos corresponde conocer la situación de la propia categoría, analizarla en el contexto de la situación política, económica, cultural y religiosa tanto del país como del mundo, interpreta esa situación a la luz de la Palabra de Dios actualizada por la iglesia (Magisterio), definir actitudes, comportamientos, acciones personales y grupales y elaborar orientaciones y propuestas capaces de crear conciencia colectiva y, en alguna medida, de transformar la sociedad. Todo ello expresado en un plan específico propuesto al Consejo Diocesano de Pastoral que, una vez aprobado por el Obispo, pone en acción.
Esto supone el conocimiento de la doctrina social de la Iglesia, de la moral social, de métodos de discernimiento, de planificación y de programación; tener los conocimientos doctrinales, técnicos y metodológicos correspondientes al servicio que cada Comisión debe prestar; y mantener contactos con otras organizaciones y experiencias que enriquezcan la propia.
Estos servicios exigen estar abiertos al bien común de la propia categoría en el horizonte y al servicio de toda la comunidad humana y eclesial de la propia diócesis, del país y del mundo; vivir el diálogo con sus exigencias de autenticidad y de amor a la verdad y al bien; mantener la vigilancia evangélica y el discernimiento en la fe para descubrir el paso de Dios a través de las circunstancias de la vida; y tener la libertad y fortaleza de la verdad y la prudencia activa del Espíritu para actuar con creatividad y estrategia pastoral necesarias para movilizar a la propia categoría en términos de fe y para dar testimonios de la misma.
Cada Comisión diocesana está formada por un grupo de personas correspondiente a la magnitud numérica de los componente del sector específico y a la existencia o no de Comisiones en el nivel de Vicaría Foránea y parroquial. Estas Comisiones se encuentran mensualmente para programar las actividades e iniciativas planificadas, para analizar los problemas puntuales, para estudiar nuevos modos de movilizar al conjunto de los miembros del propio sector, para evaluar las actividades realizadas y su propio compromiso cristiano.
En caso de Comisiones en el nivel de Vicarías Foráneas y Parroquiales, la Comisión diocesana organiza para ellas encuentros de formación y capacitación específica tanto en el nivel diocesano como en el nivel de Vicaría Foránea.
A la Comisión diocesana, si es el caso, se añade el “Consejo Plenario” de Pastoral correspondiente que se reúne al menos anualmente, en el que participan todos los grupos, movimientos, asociaciones e instituciones apostólicas presentes en la diócesis y en las parroquias y que trabajan en este campo. En él se estudian los modos de coordinar la aplicación del plan diocesano, se evalúa la acción realizada y así se asegura el aporte de todos los interesados en la propuesta y realización del plan diocesano.
Los miembros de la Comisión diocesana correspondiente son elegidos y nombrados por el Obispo. En las Vicarías Foráneas y en las Parroquias son nombrados por los Vicarios Foráneos o por los Párrocos según sea el caso, de acuerdo con la Comisión diocesana. Los laicos comprometidos en estos servicios son “reconocidos” en su ministerio por el Obispo, directamente o por delegación, en una celebración litúrgica especial.
Tercer Nivel Pastoral: Servicios Pastorales y sus ministerios.
Desde el punto de vista teológico, la catequesis en cuanto confrontación de la vida con el Evangelio y la conversión al mismo, la liturgia en cuanto la vida cristiana vivida como sacrificio espiritual unida al sacrificio de Cristo, la caridad en cuanto amor afectivo y efectivo de los hermanos y amor recíproco como Cristo los amó, son tres dimensiones de vida cristiana inseparables e indivisibles, tanto que no se puede vivir auténticamente la una sin las otras. De hecho en todos los campos de acción que hasta ahora se han explicado están presentes no en razón de tales sino de una vida cristiana que, en cuanto tal, no es posible vivir sin estas dimensiones.
Pero en términos operativos las “actividades” que se han de realizar – las catequéticas, litúrgicas y caritativas – pueden distinguirse las unas de las otras tanto en razón del tipo de actividad que se realiza como en razón del fin que se pretende. En realidad lo que se quiere con estas actividades es ofrecer los medios privilegiados de crecimiento en la fe (catequesis), de santificación (liturgia) y de testimonio de la misma fe (caridad). Son fines cada uno autónomo en relación con los otros aunque no independientes. Así, ahora se consideran los servicios de catequesis, de liturgia y de caridad que de hecho se dan y se deben dar para que todos los cristianos cuenten con las ayudas necesarias para vivir plenamente su vida cristiana. A ellos van unidos los ministerios correspondientes.
La Pastoral catequética.
En el esfuerzo por distinguir los diversos tipos de actividad exclusivamente catequéticos se pueden distinguir:
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La catequesis parroquial para niños y adolescentes;
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La catequesis pre-sacramental de adultos;
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La iniciación cristiana de adultos (OICA);
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La pastoral para profesores y maestros de religión en las escuelas del estado:
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La pastoral de la escuelas católicas;
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Los medios de Comunicación Social.
La Pastoral pre-sacramental de niños y adultos. (bautismos de niños, penitencia, eucaristía, matrimonio, confirmación y unción de los enfermos...)
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La catequesis pre-sacramental, independiente de la catequesis permanente, esta orientada a la preparación inmediata y a la recepción consciente y fructuosa de los sacramentos. Se realiza normalmente en la CEB y, si el caso lo requiere, en el nivel parroquial mediante algunos catequistas. La preparación al sacramento del matrimonio tiene dos aspectos: uno más bien de tipo científico (médico, psicológico y legal) que se hace en el nivel parroquial o de Vicaría Foránea y otro de tipo teológico-espiritual que, preferentemente, se hace en las CEB.
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Para realizar estos servicio, existe una Comisión Diocesana que de acuerdo con el camino catecumenal del pueblo de Dios, prepara las guías correspondientes, organiza encuentros anuales de formación-capacitación específica para los catequistas tanto de la CEB como de las parroquias, siguiendo un plan específico que propone al Consejo Diocesano de Pastoral y que, luego de ser aprobado por el Obispo, pone en práctica. Del mismo modo, en el nivel parroquial, hay una Comisión de catequesis pre-sacramental compuesta por todos los catequistas con un Equipo Coordinador que programa y organiza la catequesis pre-sacramental parroquial y acompaña a los diversos catequistas.
Los Miembros de estas Comisiones conocen los elementos fundamentales de la espiritualidad sacramental, la pedagogía y didáctica para transmitir el mensaje y favorecer la experiencia de fe coherente con los diversos sacramentos.
La Comisión Diocesana se compone de tantas personas cuantas sean necesarias para acompañar a los catequistas o, al menos, a los Equipos Parroquiales por Vicarías Foráneas. Las Comisiones Parroquiales tienen tantos miembros cuantas sean las necesidades a las que hay que responder.
La Comisión diocesana se encuentra mensualmente y de acuerdo con las necesidades para elaborar el plan de catequesis para cara sacramento y los subsidios para su actuación así como para organizar y realizar los encuentros de capacitación específica. Las Comisiones Parroquiales se encuentran un tiempo más fuerte a principio y fin de año para programar o evaluar el año.
Los miembros de la Comisión diocesana son elegidos y nombrados por el Obispo. Los de las Comisiones Parroquiales son nombrados por los Párrocos. Los laicos comprometidos en estos servicios son “reconocidos” en su ministerio por el Obispo, directamente o por delegación, en una celebración litúrgica especial.
La iniciación cristiana de los adultos (SICA).
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Es el itinerario catecumenal que la Iglesia local ofrece sistemáticamente, en el nivel parroquial, a personas adultas que requieren integrarse a la Iglesia católica, según el “Rito de Iniciación Cristiana de los Adultos”. Proceso que se vive dentro de una CEB o de un grupo especial que las acompaña.
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Esta iniciación exige una Comisión diocesana que orienta y da subsidios para este camino de fe, supervisa y acompaña tanto a las CEB o a los grupos especiales que realizan este servicio catequético como a los neófitos que se benefician del mismo.
Esta Comisión necesita conocer todo lo exigido y propuesto por la Iglesia en este campo específico, la teología subyacente, la pedagogía de la fe y los sistemas de discernimiento más convenientes para estos casos.
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Esta Comisión organizada sólo en el nivel diocesano y, si la realidad lo requiere, también en el nivel parroquial, se encuentra mensualmente para reflexionar, planificar el itinerario de fe, organizar las CEB o los grupos de apoyo y evaluar las experiencias existentes.
Los miembros de la Comisión diocesana son elegidos y nombrados por el Obispo. Los de las Comisiones Parroquiales son nombrados por los párrocos. Los laicos comprometidos en estos servicios son “reconocidos” en su ministerio por el Obispo, directamente o por delegación, en una celebración especial.
La Pastoral litúrgica.
En este campo se pueden distinguir:
Las celebraciones litúrgicas
Las celebraciones litúrgicas – de la Palabra o de la Eucaristía, de los Sacramentos y de los Funerales – celebran tanto el misterio de Dios que se ofrece a toda persona como la vida de la comunidad y su construirse en el amor como cuerpo de Cristo. Celebraciones auténticas de la fe vividas en comunidad y, por tanto, celebraciones participativas, festivas, vitales y cuyos signos, símbolos y ritos expresan la cultura del pueblo y sirven a su progresiva evangelización, de acuerdo con el camino catecumenal del mismo pueblo.
Las celebraciones litúrgicas dominicales y festivas se realizan en los centros parroquiales y en las zonas o centros pastorales con la presencia del presbítero o del diácono, de modo que todos los bautizados tienen la posibilidad real de participar y santificar el día del Señor y las fiestas de la Iglesia, allí donde ellos viven.
La pastoral litúrgica aprovecha todos los aspectos pedagógicos que ofrecen los ritos litúrgicos para que las celebraciones sirvan al proceso de evangelización del pueblo cristiano. Promueve la educación litúrgica del pueblo a través de las mismas celebraciones y la de los diversos ministerios exigidos por ellas y según su especificidad: acólitos, lectores, monitores, cantores y músicos, campaneros, decoro y ornato del templo, recepcionistas, etc. Cada celebración litúrgica se celebra con un tema correspondiente a la pastoral de multitudes y al año litúrgico.
Para ello existe una Comisión diocesana de pastoral litúrgica que, de acuerdo con el proceso catecumenal del pueblo de Dios como multitud, elabora el plan de educación litúrgica del pueblo de Dios, de celebraciones dominicales y festivas, de celebraciones sacramentales y funerales, y de formación y capacitación de los diversos ministros. Plan que presenta al Consejo Diocesano de Pastoral y que, una vez aprobado por el Obispo, lo realiza.
Análogamente, existen las Comisiones Parroquiales que programan la ejecución del plan diocesano en lo que se relaciona tanto con las celebraciones litúrgicas como con la capacitación de los ministros. Existen también los Equipos zonales que organizan y realizan las celebraciones litúrgicas dominicales y festivas, presididas por presbíteros o diáconos, que se realizan en las zonas o centros pastorales.
La Comisión diocesana promueve diversos tipos de “semanas, jornadas y encuentros litúrgicos” para la educación litúrgica de todos los bautizados, otros de formación y capacitación reservados a los miembros de las Comisiones parroquiales y otros semejantes organizados especialmente para los diversos tipos de ministerios. Actividades que se realizan en el nivel diocesano o de Vicaría Foránea, incluso en el nivel parroquial. Las Comisiones parroquiales hacen algo semejante para los Equipos zonales o de centros pastorales.
La Comisión diocesana formada por un Equipo de Coordinación central y al menos por cinco sub-comisiones o Equipos – uno para la formación litúrgica en general, otro para las celebraciones litúrgicas específicas, otro para los ministerios, otro para la música sagrada y otro para el arte litúrgico – se encuentra mensualmente por Equipos y periódicamente como Comisión para elaborar el plan y los subsidios para su actuación y para organizar los diversos encuentros.
Las Comisiones parroquiales se encuentran, también, mensualmente para organizar las celebraciones litúrgicas del mes y los diversos Equipos se reúnen, incluso semanalmente, según lo exige su función específica. Los Equipos zonales se encuentran semanalmente para preparar las celebraciones dominicales y festivas.
Los miembros de la Comisión diocesana son elegidos y nombrados por el Obispo. Los de las Comisiones Parroquiales y de los Equipos zonales o de centros pastorales son elegidos y nombrados por el Párroco. Los laicos comprometidos en estos servicios son “reconocidos” en su ministerio por el Obispo, directamente o por delegación, en una celebración litúrgica especial.
La Pastoral de la caridad.
Este es el campo pastoral que cada diócesis debe organizar según su realidad. De todos modos se pueden señalar algunos campos específicos más o menos comunes a las diversas Iglesias locales según se trate de países desarrollados o del tercer mundo:
Ø La pastoral de la salud que incluye:
· la promoción de la salud,
· la pastoral de los enfermos en los institutos hospitalarios y afines,
· la pastoral de los enfermos a domicilio,
· el acompañamiento de las personas solas...
Ø la promoción humana y social de diversos grupos humanos:
· de rehabilitación de los drogadictos, alcohólicos, etc.,
· de rehabilitación de los menores,
· de los minusválidos,
· de los encarcelados,
· de los migrantes,
· de ancianos,
· promoción de cooperativas...
Ø la educación popular:
· de la conciencia cívica y política,
· alfabetización,
· economía doméstica, etc...
· de la conciencia ecológica,
Ø la solidaridad con los pobres:
· ayuda sistemática: comedores, dormitorios...
· ayuda a domicilio...
Siendo tan diversa la realidad en cada diócesis, la imagen ideal de estos servicios y obras se hará de forma general para todos ellos.
Cuarto Nivel Pastoral: Pastoral Ministerial y sus ministerios.
En este nivel se toma en consideración la formación doctrinal, espiritual, pastoral y metodológica en aquello que es común a todos los ministerios o que corresponde a las diversas categorías de personas: presbíteros, religiosos y religiosas, y laicos, consagrados, casados y célibes. Es la pastoral que fundamenta, motiva y da sentido a todo lo que se vive y se hace como Iglesia local. Formación básica, común a todos como agentes de pastoral, que no hay que confundir con la formación y capacitación específica de esos mismos agentes de pastoral en cuanto ejercen un servicio específico como catequistas, celebradores de la Palabra, cantores, promotores de la salud, educadores católicos, etc. Ahora se trata de la formación de los agentes de pastoral en lo que es común, en lo que constituye el bagaje cultural que debe sostener toda capacitación y acción específica.
Podemos distinguir:
Formación espiritual y pastoral de los agentes.
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Es la pastoral que promueve la espiritualidad y la visión pastoral que fundamentan el plan pastoral, además de ofrecer los aspectos prácticos y metodológicos necesarios a todos los agentes de pastoral para la realización de su misión. Es la formación espiritual y pastoral que pasa a través de los ejercicios espirituales anuales, de los encuentros mensuales, de jornadas y encuentros diversos de espiritualidad y de pastoral orientados a un estilo de vida y de acción de los agentes de pastoral que refleje lo que anuncian y los haga eficaces en aquello que promueven.
Es, así, un servicio a la unidad de vida de los agentes de pastoral y, por lo mismo, a su santidad. Es la pastoral que promueve la espiritualidad de Iglesia en sus diversos componentes en lo que ésta implica para cada categoría de personas en la Iglesia – presbíteros, religiosos/as y laicos -, para su identidad en la Iglesia y a favor de la renovación de la comunidad no sólo eclesial sino también de la sociedad. Acompaña, también, a los agentes de pastoral, aun nivel más profundo, en el camino catecumenal que hace con todo el pueblo de Dios.
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La Comisión diocesana que se ocupa de esta formación es el mismo Equipo Diocesano de Animación Pastoral (EDAP) ya que a él corresponde la promoción de la espiritualidad de comunión o de Iglesia, del plan pastoral que la expresa y de los métodos que, como ascesis permiten y facilitan y hacen posible el cumplimiento del mismo plan y, en última instancia, la espiritualidad que lo genera. Análogamente y a su nivel, hace el Equipo Parroquial de Animación Pastoral (EPAP)
Para ello, la Comisión elabora el plan de formación espiritual y pastoral de los agentes de pastoral en lo que es común a todos ellos o a cada categoría específica, lo presenta al Consejo Diocesano de Pastoral y, una vez aprobado por el Obispo, lo pone en práctica. Del mismo modo el EPAP programa la ejecución del plan y la realiza en el nivel parroquial.
Esto exige a las Comisiones conocer y profundizar todo lo referente a la teología espiritual de comunión, a la teología pastoral, a los métodos y técnicas que se refieren a la comunión y al diálogo, al discernimiento y a la oración, a la planificación y evaluación. Todos métodos y técnicas del vivir y trabajar juntos, fundamentados en la comunión de Espíritu.
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En cuanto Comisión Diocesana para la formación espiritual y pastoral de los agentes de pastoral, el EDAP en sus encuentros periódicos programa la actuación del plan en lo que le corresponde, elabora los materiales que envía a los Equipos Parroquiales de Animación Pastoral, coordina la acción en este campo, evalúa la acción realizada y así asegura que la formación y la experiencia espiritual ponga de relieve en todos los casos la dimensión eclesial de toda espiritualidad cristiana. Los EPAPs, a su vez, en sus encuentros periódicos organizan y llevan a la práctica las iniciativas programadas.
Los miembros del EDAP, son elegidos y nombrados por el Obispo y los de las parroquias (EPAP) por el Párroco. Los laicos comprometidos en estos servicios son “reconocidos” en su ministerio por el Obispo, directamente o por delegación, en una celebración litúrgica especial.
Formación doctrinal de los agentes de pastoral.
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Análoga a la Comisión precedente, existe una Comisión Diocesana que se ocupa de la formación doctrinal – teológica, bíblica y moral – de los agentes de pastoral, en sus diversos niveles: universitaria, calificada y popular, según sea el caso. Formación que pasa a los agentes mediante semanas de estudio, jornadas, ciclos de conferencias, estudio por correspondencia, encuentros, etc.
Es el servicio que ofrece la visión teológica actualizada del misterio de la Iglesia, del conjunto de la doctrina dogmática en torno a ese misterio, de los ministerios que la constituyen (Obispos, Presbíteros, diácono) y de los que la construyen (los ordenados, los instituidos, los reconocidos ), de la doctrina moral que regula y da contenido al testimonio cristiano y, en general, de toda doctrina que fundamenta y da la razón última del vivir y del quehacer cristiano en la historia.
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La Comisión Diocesana está formada por un Equipo relativamente pequeño de personas que se encuentra periódicamente para analizar los problemas de formación del clero, de los religiosos y de los laicos, formular el plan específico y programar las diversas acciones que se han de realizar. Además reúne alguna vez en el año a quienes trabajan en este campo para que cuanto se hace en términos de formación de agentes de pastoral converja en la dirección que señala el plan e, incluso, propongan los nuevos horizontes que pueden hacer rever y reorientar el mismo plan.
Esto supone que la Comisión está constituida o por expertos o por personas calificadas que pueden por sí mismas o por otras externas a la diócesis, cumplir con el servicio que le corresponde.
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Esta Comisión Diocesana en sus encuentros periódicos programa la actuación del plan en lo que le corresponde, elabora los materiales necesarios, coordina la acción que se realiza en este campo, evalúa la acción realizada y así asegura que la formación doctrinal ponga de relieve en todos los casos la dimensión eclesial de toda espiritualidad cristiana.
Los miembros de la Comisión son elegidos y nombrados por el Obispo. Los laicos comprometidos en estos servicios son “reconocidos” en su ministerio por el Obispo, directamente o por delegación, en una celebración litúrgica especial.
Quinto Nivel Pastoral:
SENTIDO Y ALCANCE DE LAS ESTRUCTURAS
Las estructuras, en nuestro caso, las entendemos como el modo o estilo concreto de organizar la vida según los valores de la conciencia. Nacen de la espontaneidad de la conciencia que necesita de un medio histórico concreto para expresarse – comunicarse. La falta de la estructura provoca la angustia; al contrario, su presencia es condición “sine quanon” para la realización de la persona.
Este modo concreto de organizar la vida se convierte en “institución” cuando se agrega al aspecto jurídico para consolidar las estructuras y darles una capacidad de estabilidad para el futuro. De este modo todas las instituciones son estructuras. Pero no viceversa.
Las estructuras tienen un carácter de mediación: sirven para expresar un valor pero al mismo tiempo lo limitan. Y son más o menos pesadas en la medida en que están más o menos cerca de la realidad de la que son medio. Por ejemplo, cuando las estructuras deben facilitar la comunicación entre las personas de un grupo pequeño son menos pesadas y limitadas que cuando el grupo es numéricamente grande.
La función por tanto de las estructuras es expresarnos y, por lo mismo, son válidas en la medida (tanto cuanto) en que son experiencia interior de comunicación, cuando no son expresión de la propia conciencia, nos vuelven esclavos y, por tanto, son insoportables.
Las estructuras, a su vez, porque están sometidas a las condiciones de historicidad y deben expresarnos en la historia (determinados tiempos, lugares, temas, modos...) imponen una disciplina, como medio y no como fin en sí misma.
Exigencia fundamental es que las estructuras respeten las personas en su dignidad y libertad y todas estén en igualdad de condiciones y de posibilidades. De este modo las estructuras cumplen con función. Pero como las personas y los grupos maduran en la conciencia de sus valores, las estructuras que en un tiempo fueron válidas, en otro pueden no serlo. Consecuentemente la flexibilidad y la funcionalidad de las estructuras son dos características intrínsecamente ligadas entre sí.
Una última consideración. En la Iglesia, las estructuras tienen un sentido evangelizador que es determinante. Organizar las personas en función del servicio al que todas están llamadas es ya un acto de evangelización. Es colocarlas en ese dinamismo, esencial al evangelio, de don de sí para el bien común. Más aún, organizar un pueblo en razón de la fe, es poner la condición básica para que ese pueblo se sienta tal y pueda crecer como pueblo de Dios.
Sin estructuras no existe un pueblo sino individuos aislados, ni puede vivirse la comunión y menos la organicidad de la misma. A la naturaleza de la Iglesia corresponden estructuras adecuadas que permitan y faciliten su vivencia. Lo contrario es sueño y falta de compromiso.
Principios de estructuración de la Iglesia.
Antes de entrar en las estructuras concretas y como puente con lo dicho sobre el sentido de las estructuras, ahora se recuerdan brevemente los principios que deben iluminar la búsqueda y la definición de las estructuras ideales que configuran la Iglesia local en su situación ideal.
El principio del bien común (EI 93):
“El bien común de la diócesis – subordinado al de la Iglesia universal – prevalece sobre el bien de las comunidades particulares de la diócesis”. Para determinar este bien común hay que:
- Conocer la situación de la diócesis.
- Actualizar y verificar ese conocimiento por el estudio, la investigación socio-religiosa, el consejo de personas prudentes, el diálogo con los fieles;
- Hacerlo en forma permanente ya que las situaciones hoy están sujetas a cambios rápidos”.
El principio de la unidad (EI 94):
“El Obispo es principio visible y fundamento de la unidad de su diócesis. Unidad que debe respetar las legítimas diversidades e integrarlas en la unidad”.
El principio de la colaboración responsable (EI 95)
“Todos los cristianos, sea singularmente o asociados entre ellos, tienen el derecho y el deber de colaborar en la misión de la Iglesia, cada uno según la propia vocación particular y según los dones recibidos por el Espíritu Santo. Del mismo modo, gozar de una justa libertad de opinión y de acción en las cosas que no necesariamente son exigidas por el bien común”.
El principio de subsidiaridad (EI 96)
“Lo que otros pueden realizar, que el Obispo ordinariamente no lo concentre en sus manos; más bien, muéstrese respetuoso de las legítimas competencias de otros, conceda a los colaboradores las oportunas facultades y favorezca las justas iniciativas de los fieles, tanto individuales como asociadas”. Es decir, lo que puede hacer la persona no lo haga el grupo, lo que puede hacer un grupo inferior no lo haga el superior.
El principio de la coordinación (EI 97)
“Mientras por una parte hay que estimular, animar y acrecentar las fuerzas que operan en la diócesis, al mismo tiempo hay que coordinarlas entre ellas, salvados siempre la libertad y los derechos legítimos de los fieles; así se evitan dispersiones dañinas, repeticiones inútiles, discordias deletéreas.”
El principio de la persona justa en el puesto justo (EI 98)
“Al utilizar la actividad de sus colaboradores en el gobierno de la diócesis, el Obispo se guía por criterios sobrenaturales. Por lo mismo primeramente mira al bien de las almas, respeta la dignidad de las personas y utiliza su capacidad en el modo más idóneo y útil posible, al servicio de la comunidad, asignando siempre la persona justa en el puesto justo”.
Estos principios de gobierno de la Iglesia deben encontrar estructuras coherentes de manera que éstos sirvan al misterio constitutivo de la misma y a su expresión y misión histórica.
El conjunto, a su vez, de los principios constituyen los núcleos doctrinales que deben fundamentar toda la organización ideal y las opciones que ella implica, siempre en situación ideal. Son los principios que permiten la formulación de un modelo ideal armónico tanto con la doctrina como con los otros componentes de ese mismo ideal.
Estructuras de comunión orgánica del Pueblo de Dios.
ESTRUCTURAS DE LA PARROQUIA.
Si el espíritu de la esperanza es el que da sentido y orientación a las tensiones de la comunidad en orden a la unidad creciente, las estructuras organizativas son un instrumento de ella para canalizar las energías de todos los miembros del pueblo de Dios hacia la unidad.
A los principios pastorales ya señalados, añadimos ahora algunos principios de organización participativa que iluminan las estructuras que más adelante se señalan. Estos son:
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La organización, cualquiera que ella sea, debe ser coherente con los principios que la rigen, pero no se determina a partir de ellos ni se deduce de ellos. En nuestro caso, tampoco se deducen de la teología como de hecho se hace, por ejemplo distinguiendo estructuras relacionadas con la dimensión profética, sacerdotal y real de toda vida cristiana. Esto no crea más que consecuentes y constantes interferencias, sobre posiciones, lagunas, concentración de poder, etc.
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La organización surge de las acciones concretas que realiza y organiza; son las acciones las que hay que articular tanto en su relación estática de dependencia y cooperación como en relación dinámica de sucesión operativa.
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El método para definir la organización parte de la realidad que existe en la base de la organización y de las acciones y tareas que cumplir; las acciones afines se agrupan por categorías; se determinan los responsables, personas o equipos, para cada una de las categorías; se agrupan las categorías y se determinan la forma de gobierno;
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La organización participativa distribuye el mayor número de responsabilidades al mayor número de personas.
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La forma de gobierno participativo exige un gobierno compartido en el que se distinguen estructuralmente los tres momentos de todo dinamismo de acción (pensar, decidir y actuar) en los tres momentos de realización de una comunidad: el momento de la forma de decisiones y el momento de la actuación orgánica.
Ahora, pues, se describen las estructuras para organizar el conjunto de los bautizados de acuerdo con los principios antes señalados. Se trata de definir, a esa luz, cuáles son los organismos que se han de tener y para qué, cuál es el lugar de cada uno en el conjunto y cómo funcionan. En definitiva se trata de un organigrama y de su explicación, es decir de la visualización de las relaciones de dependencia y de cooperación y su explicación. De todos modos nos ceñimos a la visión general del conjunto de las estructuras. Para una comprensión más profunda y más detallada se puede recurrir al libro “Servir al Pueblo desde la diócesis: notas para la organización de la Diócesis y de la Parroquia” (Juan B. Cappellaro, Ed, Indo American Press Service, Bogotá, Colombia, 1993).
Las Estructuras en la base. (De información, comunicación y consulta)
La Iglesia como sociedad visible y orgánica tiene como base al conjunto de los bautizados y a las personas de buena voluntad, reunidos normalmente en familias. Esta base, en cuanto tal, es integrada como Iglesia mediante las estructuras de comunicación y de participación de base, concretamente:
La Red de mensajeros o de personas (uno por cada diez o doce familias) que visitan sistemática y periódicamente a todas las personas y familias en nombre de la comunidad parroquial y las mantienen en relación entre sí y con el centro parroquial; red que tiene un responsable en cada zona y un Equipo de coordinación en el nivel parroquial.
La zona es el espacio en el cual se subdivide la parroquia cuando supera los 1000 ó 1500 católicos. En los casos de parroquias particularmente grandes y en las que las distancias geográficas del centro parroquial son grandes y con pocas comunicaciones de hace necesario distinguir la estructura más inmediata a las personas y a las familias como son los parajes, pueblitos barrios, etc. y la unión de varios de ellos en una unidad funcional más amplia.
Así en algunos lugares se distinguen las zonas y los sectores, dándole a una u otra realidad una de esas denominaciones. De todos modos, aquí y en el futuro se considera a las “zonas pastorales” como a la unidad más pequeña o de la máxima descentralización de la parroquia. “Zonas pastorales” son centros coordinados por un Equipo de Coordinación Zonal de tres personas (Coordinador, Vice-coordinador y Secretario), al que se integran todos los responsables de los diversos servicios (inicialmente: catequesis de niños y de adolescentes, celebraciones dominicales y festivas, y servicios de caridad; a los que se añaden los responsables de la pastoral familiar, juvenil, etc; y el representante de la zona en el Consejo de Asuntos Económicos).
Este Equipo de Coordinación Zonal tiene la responsabilidad de hacer funcionar las zonas como si fueran pequeñas parroquias y de acuerdo con las necesidades ambientales;
La Asamblea Zonal que periódicamente se reúne, abierta a todos los bautizados y que, como espacio de diálogo, constituye el primer ámbito de participación en la vida y misión de la Iglesia.
Los grupos de amistad cristiana, que, además de cuanto ya se ha dicho más arriba, son también, dentro de una zona pastoral, un espacio de información-consulta y de participación directa e inmediata en los problemas y búsqueda de soluciones relacionados con la vida y misión de la parroquia.
Estas son las estructuras que en la base constituyen el tejido social de la comunidad cristiana, la primera instancia organizativa que permiten a la parroquia ser espacio de experiencia vital de comunión y participación en el Espíritu.
Las Estructuras parroquiales
Todas las estructuras que aquí se presentan tienen su correspondiente en el nivel diocesano, lo que facilita la relación estructural entre las diversas instancias de elaboración, decisión y actuación orgánica.
De elaboración:
El Consejo Parroquial de Pastoral (CPP), formado primordialmente por los responsables de los diversos campos o niveles de acción pastoral y por representantes de las zonas pastorales, presidido por el párroco, se reúne dos o tres veces en el año y su función consiste en:
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Hacer el análisis y el diagnóstico de la parroquia o de un sector específico;
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Dar las orientaciones para la elaboración del programa anual y/o de los programas específicos anuales para concretizar el plan diocesano en el nivel parroquial y, en general.
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Elaborar las propuestas que se ofrecen a la autoridad competente para su aprobación.
El Equipo Parroquial de Animación Pastoral (EPAP), formado por al menos siete personas, las más formadas y dinámicas, presidido por el Párroco, se reúne cada quince días o semanalmente, son miembros del Consejo Pastoral Parroquial y tiene la función:
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Como Secretariado Ejecutivo del mismo Consejo, de elaborar en sentido técnico el análisis y diagnóstico de la parroquia como el programa parroquial;
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Además le corresponde la animación espiritual y la formación de los demás agentes de pastoral, siempre en el nivel parroquial.
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Promover constantemente el crecimiento armónico del conjunto y velar por la marcha global de la actuación del plan y subsidiar y suplir cuanto sea necesario para que el conjunto pueda caminar y crecer como conjunto;
El Equipo de Redacción de la Carta a los Cristianos que recoge el material para la misma, la compone gráficamente y la edita posiblemente todas las semanas o, al menos, una vez al mes y que los mensajeros distribuyen. Carta de evangelización que contiene:
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Un mensaje (frase y diseño) en la primera página,
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Algunos testimonios de la gente en la segunda página,
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Algunos avisos relacionados con aspectos sociales-caritativos en la tercera y noticias de familia
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En la cuarta: los anuncios de bautismos, confirmaciones, defunciones, matrimonios...
Carta que, en las diversas etapas del camino del pueblo de Dios puede cambiar o adquirir nuevas rúbricas de acuerdo con las necesidades de esas etapas pero conservando el carácter de hoja de evangelización.
Es la comunicación-anuncio que llega a todos como gota de agua pero en forma constante y progresiva, de acuerdo con los mensajes de la pastoral de multitudes.
De Decisión.
La Asamblea Parroquial que reúne a todos los comprometidos en la Pastoral Parroquial, se reúne normalmente una vez al año y cuya función consiste en el discernir sobre la aprobación de la programación anual y, en general, sobre las orientaciones generales de la pastoral parroquial.
Equipo Sacerdotal y el Párroco constituyen el ámbito ordinario de las decisiones y del gobierno de la Parroquia.
Estructuras de Actuación Orgánica:
El Consejo de Coordinación Parroquial (CCP), formado por los Coordinadores zonales y cuya función es la de asesorar al párroco en la coordinación de la aplicación del plan tanto en el conjunto de la parroquia como en la respectiva Zona de cada Coordinador;
Comisiones Pastorales Parroquiales que, en los diversos campos de acción pastoral, realizan los servicios específicos correspondientes: de pastoral familiar, infantil, juvenil, de otros sectores (obreros, profesionales, etc.), de catequesis de niños y adolescentes, de adultos, de pastoral litúrgica, de espiritualidad, de servicios de caridad (ancianos, niños, abandonados, de enfermos, etc...). de formación de los agentes de pastoral, de medios de comunicación social, de asuntos económicos , de servicios técnicos.
Este listado de comisiones se puede ampliar de acuerdo con la realidad de cada parroquia. A ellas se integran los miembros elegidos por el Párroco y la Comunidad de Diáconos; miembros pertenecientes a diversos grupos, asociaciones, movimientos e instituciones apostólicas presentes en la parroquia y otros católicos que tienen las cualidades correspondientes y quieren prestar un determinado servicio.
A estas Comisiones corresponde promover la acción específica del propio campo, coordinar cuanto se realiza en el mismo y subsidiar en cuanto sea necesario para llevar a cabo el plan diocesano en su campo específico.
Las Estructuras Diocesanas.
Las estructuras diocesanas son tanto más complejas cuanto las diócesis son más grandes geográficamente, cuanto más amplio es el número de culturas presentes en la misma y cuanto mayor es el número de realidades a las que hay que responder pastoralmente.
Describiremos primero las estructuras en el nivel diocesano las cuales son determinadas por el Derecho Canónico, el Directorio Pastoral de los Obispos y otros documentos de magisterio.
Organismos de Diálogo.
No exigidos por el Derecho Canónico, se proponen a partir de algunas exigencias prácticas que hacen al estilo de vida de las diversas categorías de personas: presbíteros y diáconos, religiosos y religiosas, y laicos organizados. Se trata de:
La Asamblea Diocesana Es el espacio de diálogo, de encuentro y de reflexión-formación del conjunto de los agentes de pastoral: presbíteros, religiosos/as y laicos comprometidos. Se promueve al menos una vez al año y participan todos los agentes de pastoral que lo quieran. Su función es la de formar la conciencia común de Iglesia particular, en comunión con la Iglesia universal, en torno a temas pastorales, generales y específicos.
Se organiza en torno a algún tema de especial importancia para la Diócesis y que se relaciona con el proceso comunitario de renovación-conversión que vive la Diócesis. Normalmente se desarrolla con el método de ver, juzgar y actuar.
La CONFER que ya tienen una tradición en la Iglesia y está organizada normalmente en el nivel nacional y, consecuentemente, se puede organizar análogamente en el nivel diocesano para el diálogo, el intercambio de experiencias, el análisis de problemas comunes, y para facilitar la ayuda mutua en los campos que correspondan;
La Asamblea de Laicos organizados en asociaciones, movimientos y grupos apostólicos que se encuentran para el mutuo conocimiento, el diálogo entre ellos, afrontar su problemática común, profundizar su naturaleza laical, y favorecer la ayuda mutua en relación con su estilo de vida.
Estos organismos, presididos por el Obispo y coordinados por un Delegado del Obispo y por las autoridades que estas entidades se dan y eligen, se reúnen al menos una vez al año, tienen una función no de gobierno sino de diálogo, de intercambio de experiencias, de mutua colaboración cosa que, sin embargo, puede traducirse en propuestas al Consejo Diocesano de Pastoral. Por ello, cada uno de esos organismos tiene algún representante en dicho Consejo.
Organismo de Elaboración de Propuestas.
El Consejo Diocesano de Pastoral (CDP) es un organismo aconsejado por el Derecho Canónico, propuesto por el Directorio Pastoral de los Obispos (EI) y que aquí se asume teniendo en cuenta los criterios antes dichos sobre la organización participativa (cfr. PO 7; ChD 27; EI 204;CIC, 511-514).
Su función consiste en el análisis y diagnóstico de la situación general de la diócesis y de algún campo o problema específico de la misma; en la lectura en la fe de la realidad diocesana; en hacer las consultas necesarias y dar las orientaciones para la elaboración del plan pastoral diocesano o de otras propuestas pastorales específicas; en promover los procesos se evaluación del plan pastoral y, en general, de la vida y misión de la Iglesia local; siempre en orden a elaborar las propuestas pastorales que se han de someter a las decisiones oportunas de la autoridad competente.
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Lo compone: el Obispo que lo convoca y preside;
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El Vicario Episcopal para la Acción Pastoral que lo coordina;
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Los responsables de los departamentos y de las diversas comisiones pastorales de la curia;
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Representantes de los consejos pastorales de las vicarías foráneas (o de las parroquias, si la diócesis tiene pocas parroquias);
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Representantes de la Asamblea del clero y de los diáconos.
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La Confederación de los religiosos, que no participan por otras razones;
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El coordinador de la comisión diocesana de asuntos económicos;
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El Equipo Diocesano de Animación Pastoral;
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Otras personas designadas por el Obispo en razón de sus funciones o de sus capacidades personales, especialmente en orden a asegurar la representación de todo el pueblo de Dios y la realización eficaz de la función misma del CDP.
Se reúne al menos una vez al año y tiene una Comisión Ejecutiva que coincide con el Equipo Diocesano de Animación Pastoral. Adopta diversos sistemas de trabajo según sea el caso.
El Equipo Diocesano de Animación Pastoral (EDAP),
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Actúa como secretaría del CDP
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Elabora técnicamente el proyecto de plan diocesano y otras propuestas que presenta al mismo CDP;
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Ayuda a las Comisiones Diocesanas en la elaboración de los planes específicos y de los programas correspondientes;
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Promueve en toda la diócesis con la ayuda de los Equipos Parroquiales de Animación Pastoral, la espiritualidad comunitaria que está en el origen del plan, lo fundamenta y anima y, de este modo, sirve a la obtención del consenso necesario para que la diócesis camine en unidad; elabora los instrumentos adecuados para la animación espiritual;
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Sirve a la formación espiritual y pastoral de todos;
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Elabora estrategias para la superación de particulares dificultades y obstáculos que se presentan en la aplicación del plan existente.
Está compuesto por el Obispo que lo preside, el Vicario Episcopal para la acción pastoral que lo coordina y por algunos sacerdotes, religiosas y laicos, los más válidos para esta función. Su número no debe ser menos de 7 ni más de 15 personas de modo que se pueda trabajar realmente como Equipo.
Organismos de decisión.
La Asamblea Diocesana, es el espacio de discernimiento tanto sobre el camino de conjunto y orgánico de la Diócesis, expresado en el plan pastoral, como, más en general, sobre la voluntad diocesana, en orden a la perfección de la caridad en la unidad.
Está compuesta por el Obispo que la preside, por los Vicarios Episcopales, por el Vicario de Pastoral que la coordina, por el Consejo Presbiteral, por representantes de las parroquias de modo que reflejen las diversidades existentes en los niveles básicos de la estructura diocesana.
El Consejo Presbiteral (CP) – Colegio de Consultores(cfr. LG 28; PO-7,8,15; ChD 17,27,28;eCs 17; EI 203:CIC 495-502).
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Compuesto por representantes del clero según el estatuto diocesano.
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Su función es la de representar al clero ante el Obispo y como participación de los mismos en la toma de decisiones que corresponden al Obispo, normalmente a partir de las propuestas del CDP;
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Aconsejar al Obispo en todas la decisiones que afectan a la vida y a la misión de la diócesis;
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Ponderar el plan diocesano y elegir aquellas opciones y modos de actuación que a la luz del magisterio de la Iglesia y de la situación de la diócesis, contribuyen más eficazmente al bien común de la Iglesia local, en orden a su crecimiento hacia la santidad y su servicio de animación-renovación del mundo.
El Obispo, escuchados los diversos consejos u organismos, discierne “los espíritus” para el cual se le ha aconsejado y, teniendo en cuenta la comunión con la Iglesia universal y el mayor bien de la Iglesia particular, toma las decisiones que a su juicio son más conformes con el Espíritu del Señor, para bien de la Iglesia y la salvación del mundo.
Organismo de Actuación. En orden a la actuación de lo decidido hay que distinguir los organismos de conducción y coordinación de la acción, y aquellos que subsidian a las parroquias y a las Vicarías Foráneas en la implantación o puesta en práctica del plan diocesano de pastoral.
El Consejo Presbiteral, presidido por el Obispo y compuesto por los Vicarios Generales y los Vicarios Episcopales, sean éstos de zonas geográficas o de funciones específicas relacionadas con grupos especiales de personas, es el organismo de conducción y coordinación que aconseja al Obispo en las decisiones operativas necesarias para aplicar cuanto se ha decidido en el Consejo Presbiteral o en la Asamblea Diocesana o en el Sínodo Diocesano.
En razón de sus funciones, todos son miembros del Consejo presbiteral, de la Asamblea Diocesana y del Sínodo, en los que participan por derecho. Tomadas las decisiones generales en estos organismos y las operativas en el Consejo Episcopal, cada miembro del mismo, en su ámbito, coordina la aplicación de cuanto se ha decidido y vela por su realización.
Decanos (vicarios – Arciprestes) para la Foranía y el Párroco para la parroquia, cada uno a su nivel, también es el coordinador y responsable de la actuación de cuanto se ha decidido en niveles superiores.
Organismo de Implantación.
La Curia Diocesana, coordinada por el Vicario General, se divide en tres secciones:
La Sección Judicial, se regula por el CIC 469 y Libro VII.
La Sección Administrativa por lo que hace a la secretaría se regula por el CIC 482-491; y por lo que se refiere a la economía por el CIC 494 y el Libro V. En esta última sección se incluye el Consejo de Asuntos Económicos, CIC 492-494, que, entre otras cosas, asesora a los consejos correlativos en el nivel parroquial (cfr CIC 537). De estas dos secciones, la administrativa y la judicial no se dice nada en este modelo ideal ya que todo está determinado en el Derecho Canónico.
La Sección Pastoral, coordinada por el Vicario Episcopal para la Acción Pastoral, se articula en departamentos, comisiones y subcomisiones.
A los Departamentos, coordinados por un Delegado del Obispo, corresponde facilitar el funcionamiento de cada Comisión Diocesana, asegurar el respeto de las competencias de cada una y dirimir las posibles interferencias entre las mismas Comisiones.
La función de las Comisiones Diocesanas de Pastoral, cada una en su campo específico, es la de:
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Analizar los problemas correspondientes al campo específico y ofrecer los resultados y las propuestas al CDP;
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Elaborar los proyectos de planes específicos que presentan como propuesta al CDP.
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Elaborar los subsidios para la implantación del plan pastoral en el campo específico tanto a beneficio de las vicarías foráneas como de las parroquias.
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Capacitar a los agentes de pastoral que operan en el ámbito de la comisión correspondiente para la acción específica que deben realizar (no la formación general);
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Vigilar la orientación y el trabajo de las Comisiones parroquiales del propio campo de acción y asegurar la actuación del plan específico y evaluar la acción que se desarrolla en las Vicarías Foráneas y en las parroquias;
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Coordinar, en el propio campo, todos los grupos, asociaciones y movimientos apostólicos que actúan en dicho campo;
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Asesorar al Obispo en los aspectos jurídicos correspondientes al propio campo;
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